Collaboration

About the Collaboration

Beatriz Cortez and the Kaqjay Collective have the common objective of preserving the local memory of the war. Their individual work has been nurtured by the conversations they have held and by each other’s ideas. The pieces by Kaqjay were conceived from their local experience as part of the initiatives on memory of the Kaqjay collective, while Beatriz Cortez’s pieces were conceived as part of her own art practice. However, they have worked together in the creation of the exhibition, they had dialogues about the way in which the pieces impact each other conceptually, and they planned a collaborative process for the installation. In Patzicía, the Kaqjay collective installed the exhibition, including Beatriz Cortez’s work. Kaqjay placed one of her burned books in front of a small library about historic memory that had been created by Kaqjay. This burned book arrived to Patzicía thanks to the support of Salvadoran artist Walterio Iraheta, who transported it from El Salvador to Guatemala, and then thanks to Edgar Esquit, who transported it from Guatemala to Patzicia. Finally, the Fortune Teller Machine was built by  Beatriz Cortez in Los Angeles and sent to Patzicia thanks to the support of one of her former students at the university who offered to transport the machine from Los Angeles to Guatemala. This machine prints out messages about the imagination and the construction of the future written by the members of the Kaqjay collective. A transnational project is always complicated. In Patzicía it was installed by the members of the Kaqjay Moloj collective. In New York Beatriz Cortez was present to install it with the support of the team from the New School. In Xela it was installed by the team of Ciudad Imaginación, and Edgar Esquit was present to finish the installation and for the opening. In Guatemala City the work was installed by the team from Ciudad Imaginación and by Beatriz Cortez, who was also present for the opening along with Edgar Esquit.


Beatriz Cortez y el Colectivo Kaqjay tienen el objetivo común de mantener la memoria local sobre la guerra. Ellos han conversado colectivamente y se han retroalimentado. Las piezas de Kaqjay han sido concebidas desde su experiencia local como parte de las iniciativas de la memoria del colectivo Kaqjay, y las piezas de Beatriz Cortez han sido concebidas a partir de su propia producción artística, pero ambos han trabajado de forma conjunta en la elaboración de la exposición, han dialogado sobre la forma en que las piezas se impactan conceptualmente las unas a las otras, y han planeado un proceso colaborativo para la instalación. En Patzicía el colectivo Kaqjay instaló la exposición, incluyendo la obra de Beatriz Cortez. Kaqjay colocó uno de los libros quemados de Beatriz Cortez frente a una pequeña biblioteca sobre la memoria creada por Kaqjay. Este libro llegó a Patzicía gracias al apoyo del artista salvadoreño Walterio Iraheta, quien lo transportó desde El Salvador a Guatemala, y luego de Edgar Esquit, quien lo transportó desde Guatemala hasta Patzicía. Finalmente La Máquina de la Fortuna fue construida por Beatriz Cortez en Los Ángeles y enviada a Patzicía gracias a la ayuda de un antiguo alumno de la universidad que ofreció transportar la máquina de Los Ángeles a Guatemala. Esta máquina dispensa mensajes sobre la imaginación y la construcción del futuro escritos por los miembros del colectivo Kaqjay. Un proyecto transnacional siempre es complicado. En Patzicía fue instalado por los miembros del colectivo Kaqjay Moloj. En Nueva York Beatriz Cortez estuvo presente para instalarlo junto con el equipo de instalación de la New School. En Xela fue instalado por el equipo de Ciudad Imaginación y se contó con la presencia de Edgar Esquit. En la ciudad de Guatemala fue instalado por el equipo de Ciudad Imaginación y por Beatriz Cortez, y en la inauguración se contó con la presencia de Edgar Esquit y de Beatriz Cortez.